INSTRUCCIÓN ORTOPÉDICA DE POSGRADO
Alteraciones del crecimiento de la cadera en la infancia
María
Gabriela Miranda,*,**
Claudio A. Fernández**
*Servicio de Ortopedia y Traumatología, Hospital
de Niños “Sor María Ludovica”, La Plata, Buenos
Aires, Argentina
**Facultad de Ciencias Médicas,
Universidad Nacional de La Plata,
Buenos Aires, Argentina
RESUMEN
Las alteraciones del crecimiento del
fémur proximal, referidas en la literatura médica como necrosis avascular,
osteocondritis o epifisitis posreduccional, se relacionan casi exclusivamente
con la terapéutica empleada en la displasia del desarrollo de la cadera. Algunas
de ellas condicionan la ulterior degeneración articular con sus implicancias clínicas, funcionales y sociales. Se han individualizado una diversidad de factores relacionados con el tratamiento. Sin embargo, otras
variables preexistentes idiosincrásicas, morfológicas y vasculares configuran perfiles de riesgo específicos. El objetivo de esta investigación es analizar la historia
natural de estas alteraciones y establecer posibles
formas de prevención o reducir sus secuelas. Una síntesis del crecimiento, el desarrollo y la vascularización de la cadera es imprescindible para la compresión de la patogenia. El diagnóstico y el tratamiento de la displasia del desarrollo
en el período neonatal siguen siendo el método de referencia, dado las ínfimas
tasas de fracaso terapéutico y anomalías residuales.
Palabras clave: Displasia del desarrollo de la cadera;
alteración del crecimiento femoral; historia natural;
niños.
Nivel
de Evidencia: V
ABSTRACT
Growth disturbances of the proximal
femur, described in the medical literature as avascular necrosis,
osteochondritis, or post-reduction epiphysitis, are associated
almost exclusively with the treatment of developmental dysplasia of the hip.
Some of these disturbances can lead to later
joint degeneration, with clinical, functional, and social implications. Various treatment-related factors have been identified. However,
preexisting idiosyncratic, morphological, and vascular factors
also determine specific
risk profiles. This study aims to analyze the natural history
of these disturbances and identify possible
strategies to prevent
them or reduce their sequelae. Understanding hip growth, development, and vascular supply is essential
to understanding their pathogenesis. Diagnosis
and treatment of developmental dysplasia of the hip during the neonatal period
remain the gold standard, given
the extremely low rates of
treatment failure and residual abnormalities.
Keywords: Developmental dysplasia of the hip; femoral growth disturbance;
natural history; children.
Level of Evidence: V
Las
alteraciones del crecimiento del fémur proximal (ACFP) en la infancia son
anomalías morfológicas que comprometen la epífisis, la fisis, el cuello femoral
o combinaciones de estas estructuras. Si bien las ACFP se relacionan, de manera
predominante, con el tratamiento de la displasia del desarrollo de la cadera,
también, se han observado en la cadera
contralateral, no displásica, sometida a inmovilización.1 Asimismo, la cadera no involucrada
en la terapéutica puede tener signos displásicos al finalizar el crecimiento en
el 13-40% de los casos, en consonancia con el apelativo “displasia del desarrollo”.2,3 Las ACFP pueden ser transitorias y reversibles o permanentes e irreversibles, con diversos tipos
de dismorfias y degradación articular, clínicamente silentes durante
años (disociación radiológico-clínica).
El
objetivo de esta investigación es analizar la historia natural de las ACFP y
establecer posibles formas de prevención o reducción de sus secuelas. En la displasia del desarrollo de la cadera,
el primum movens deformante radica en el acetábulo, en
tanto que, en las ACFP, los cambios primarios se producen en el fémur proximal;
la alteración acetabular es secundaria. En la literatura científica, se emplean
como sinonimia necrosis
avascular, osteocondritis posreduccional y epifisitis. La incertidumbre histológica indujo a muchos
investigadores a preferir
el eufemismo “alteración del crecimiento del fémur proximal”.1,4-6 La etiopatogenia remite
a factores mecánicos (hiperpresión articular) e isquémicos; hipótesis sustentadas en investigaciones experimentales realizadas en cerdos.7 Eventualmente,
ambas variables pueden interactuar (Figura 1).8
La prevalencia publicada de ACFP es muy disímil, con extremos del 0% al 73%, guarismos que quizás dependan del rigor diagnóstico y del tiempo
de seguimiento. Se ha mencionado una plétora de factores predisponentes: edad >6 meses en el momento de la reducción, núcleo femoral
no osificado, mayor volumen cartilaginoso, luxaciones altas, labrum invertido,
interposición de tejidos blandos, reducción no concéntrica, uso de tracción
preoperatoria, todas las modalidades quirúrgicas, reducción forzada,
inmovilización en abducción ≥60° asociada a rotación interna, inmovilización
prolongada y cirugía luego de tratamientos fallidos.1,9-11 En un estudio multicéntrico y prospectivo sobre luxaciones displásicas, el 20% de los niños
ya presentaba alteraciones epifisarias y ensanchamiento del cuello femoral antes
del tratamiento. En el seguimiento, el 42% cumplía criterios de ACFP, lo que demuestra que estas anomalías
no son iatrogénicas, sino
preexistentes.6 En el mismo sentido, una investigación por
resonancia magnética previa al
tratamiento reveló un déficit de
perfusión y un patrón
microcirculatorio inmaduro.12 Se han encontrado hallazgos similares con la
ecografía con contraste en tiempo real (Optison®-CEUS, Contrast-Enhanced
Ultrasound).13 La
prevalencia de ACFP con diversos
dispositivos, como Pavlik, Von
Rosen, Frejka, es excepcionalmente baja,
0-1%, pero la demora terapéutica en semanas o la insistencia ante un fracaso
de reducción elevan el riesgo
por encima del 25%.2,11,12,14 Las tasas de
ACFP por reducción cerrada bajo anestesia general y las distintas variables
quirúrgicas oscilan entre
el 20% y el 60%.3-6,8,11,14-16 Es importante señalar
que, aun sin ACFP, la calidad articular puede deteriorarse
con el tiempo, ya que la displasia no puede concebirse exclusivamente como una
fetopatía mecánica. Más allá de la terapéutica realizada, el riesgo de ACFP guarda relación con la ubicación
alta del extremo proximal del fémur; por ello, la importancia de los sistemas
de clasificación cuya confiablidad intra e interobservador es excelente (Figuras 2 y 3).17-20
El
fémur proximal y el acetábulo provienen de idéntico mesénquima
embrionario. En la undécima semana de vida intrauterina, la cadera,
completamente formada, comienza a diferenciarse en cartílago según el modelo de
osificación endocondral completado por aposición posnatal
de hueso perióstico. En el recién nacido, ambos componentes
articulares están compuestos de cartílago hialino (Figura
4).1
La
epífisis femoral y la apófisis del trocánter mayor son condroepífisis esféricas. Su crecimiento es centrípeto, producto de la actividad metabólica de los condrocitos periféricos epifisarios, en tanto que la osificación es centrífuga y radial, desde el centro hacia la periferia. El cartílago de
crecimiento del fémur proximal es lineal,
remeda una L invertida compuesta por tres segmentos:
el fisario o discoide –perpendicular al eje del cuello femoral–, el cervico-trocantérico y el
istmo, que conecta los dos anteriores y contribuye al grosor del cuello
femoral.1 En
ocasiones, el frente de calcificación de esta figura puede ser visible
radiográficamente como líneas de Harris. Su interrupción o distorsión se
considera predictiva de ACFP (signo de O’Brien) (Figura 5).1
La
epifisiodesis fisiológica comienza en las regiones lateral, superior y ligeramente
posterior de la fisis, para continuar en todos los sentidos.21,22 La
irrigación proviene de un entramado vascular extracapsular en la base del cuello femoral,
subsidiaria de las arterias circunflejas. La medial discurre
entre los músculos
psoas ilíaco y pectíneo
e ingresa en la articulación en la fosa retrotrocantérica y emite los vasos retinaculares —sobre todo los posterosuperiores— responsables del 80% de la irrigación epifisaria, istmo y buena parte de la metáfisis
femoral. El aporte de las ramas retinaculares anteriores, procedentes de la
circunfleja lateral, es complementario. Esta red vascular deviene en un sistema
bipartito: los vasos retinaculares perfunden el núcleo epifisario y la fisis para la síntesis de la
sustancia fundamental y osteoide, y el
sistema metafisario interviene en la mineralización del sustrato y la resorción
ósea según la ley de Hueter-Volkmann. Esta red vascular no es estereotipada, tiene significativas variaciones anatómicas según sexo, etnia, cantidad
y diámetro de los arterias
e inconstancia de anillos vasculares intrarticulares.
Diversos
autores han propuesto clasificaciones para las ACFP. Por orden cronológico:
Salter y Kostuik,7 Bucholtz y Ogden,2 Kalamchi y MacEwen,23 y Kruczynski24 (Figura 6).
Todas tienen una confiabilidad interobservador moderada.6 En virtud de su similitud y de su
prevalencia en la literatura especializada, las clasificaciones de Kalamchi y MacEwen, y Bucholtz y Ogden
serán consideradas como una unidad analítica. El retardo de la osificación y el
aspecto de fragmentación epifisario caracterizan al tipo I, aunque
reversibles, estas alteraciones pueden prefigurar lesiones de peor pronóstico (Figura 7).
La
prevalencia del patrón tipo II es del 25% y lo define una epifisiodesis o barra lateral
fisaria que determina una inclinación valgo de la epífisis sobre el cuello
femoral y, eventualmente, una
subluxación secundaria (Figura 8A). En una investigación, se evaluaron 58 caderas (48 pacientes) con ACFP tipo II tratadas
con reducción cerrada (n = 36) y cirugía inguinal
(n = 22), en un seguimiento de 21 años (rango 10-55).
El defecto fue radiográficamente
evidente a los 10 años de edad (rango 4-14); en el
59%, el resultado correspondió a los grupos I/II de Severin, el resto tuvo un
resultado no satisfactorio (Tabla).4,24
En otro estudio, se incluyeron 155 caderas luxadas
tratadas con reducción
cerrada a una edad promedio
de 15 meses. El 23% tenía una ACFP
tipo II detectada, como media, a los 8.9 años (rango 3-12). El 66% fue
clasificado con un grado I/II de Severin,
el resto tuvo una evolución
subóptima.16,24 Una infección articular
puede causar un efecto similar
y se han documentado casos de etiología desconocida (Figuras
8A y 9).25
Este fenómeno
parecería reproducir anticipadamente la epifisiodesis fisiológica femoral proximal.22
Las ACFP tipo III tienen una prevalencia del
14-30% y constituyen las dismorfias más nocivas, con deterioro articular y funcional progresivo. Se trata de un daño severo epifisofisario responsable de un menor crecimiento del cuello femoral y varo,
hipometría del miembro
inferior, ascenso relativo
del trocánter mayor
con déficit funcional del glúteo medio y coxa magna.
Se especula que una grave isquemia es la etiología (Figuras
8B y C, 10A-C).2
En una
investigación con seguimiento de cuatro décadas de una cohorte 29 caderas (22
pacientes), el defecto fue radiográficamente visible a una media de 10 meses
(rango 5-19) después del tratamiento (reducción cerrada o cirugía por vía inguinal). Las luxaciones altas (grado IV de Tönnis)
tuvieron un cociente
de posibilidades (odds
ratio) de 3,43 comparadas con los grados II y III en relación con el
deterioro articular. A madurez
esquelética, el 90% de las caderas se incluyeron como grado III/IV de Severin. A los 39 años de edad,
el 32% de los pacientes habían sido sometidos a un reemplazo total de cadera (Tabla).5,24
Ante
estos hallazgos, algunos cirujanos optaron por el acceso anterolateral
combinado con osteotomías femorales y pelvianas. Pero los resultados fueron
también decepcionantes, ya que el 32% desarrolló ACFP tipo II/III (Figura 7B y C).15 Corolario: la
ACFP tipo III constituye el peor resultado terapéutico, independientemente del
método empleado. La lesión tipo IV es un defecto
epifisometafisario medial que caracteriza a las luxaciones o subluxaciones
inveteradas y observada antes de
cualquier terapéutica (Figura 8D).
Finalmente, el 25% de los casos tiene formas inclasificables y mixtas (Figura 10D y E).
El método
de referencia para prevenir el desarrollo de ACFP o atenuar sus secuelas consiste
en el diagnóstico y
tratamiento neo o perinatal de la displasia del desarrollo de la cadera. Además de las variables epidemiológicas y
terapéuticas relacionadas con esta última,
hay factores idiosincrásicos (morfológicos y vasculares) que constituyen
un riesgo predisponente, tal como lo evidencian los avances en tecnología por imágenes y recientes investigaciones clínicas. El seguimiento
del niño durante todo el crecimiento es imprescindible para la evaluación final
y real del resultado.
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ORCID de M. G. Miranda: https://orcid.org/0000-0003-4949-9407
Recibido el 16-6-2026. Aceptado luego de la evaluación el 2-7-2026 • Dr. CLAUDIO
A. FERNÁNDEZ • claudioalfredofernandez619@gmail.com •
https://orcid.org/0000-0003-2350-3885
Cómo citar este artículo: Miranda MG, Fernández
CA. Alteraciones del crecimiento de la cadera en la infancia. Rev Asoc Argent Ortop Traumatol 2026;91(5):510-518. https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.5.2411
Información
del artículo
Identificación: https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.5.2411
Fecha
de publicación: Octubre, 2026
Conflicto
de intereses: Los autores
no declaran conflictos de intereses.
Copyright: © 2026, Revista de la Asociación Argentina de Ortopedia y
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