INVESTIGACIÓN CLÍNICA
Epidemiología de las fracturas de clavícula
tratadas con cirugía en nuestro medio
Martín
Caloia, Gerónimo Chamorro, Agustín Cavasin, Camila
Anaya, Alejandro Meritano, Diego González Scotti
Equipo
de Miembro Superior, Servicio de Ortopedia
y Traumatología, Hospital
Universitario Austral, Buenos
Aires, Argentina
RESUMEN
Introducción: Las fracturas
de clavícula representan el 2,6-10% de todas las fracturas del esqueleto, y
predominan en adultos jóvenes. En los últimos años, la indicación de cirugía se ha incrementado impulsada por la evolución de los implantes. Objetivo:
Realizar un análisis epidemiológico actual de las fracturas de
clavícula tratadas quirúrgicamente en un centro de derivación de una gran
metrópoli. Materiales
y Métodos: Estudio observacional retrospectivo descriptivo
que incluyó a 451 adultos operados entre enero de 2010 y diciembre de 2024. Se analizaron las siguientes variables: datos demográficos, mecanismo
lesional, localización anatómica, tipo de fractura
según la clasificación de Edimburgo modificada, lesiones asociadas, tiempo
hasta la cirugía
y la consolidación, y complicaciones.
Resultados:
El 84% de los pacientes eran hombres (media de la edad 29.8 años). El grupo etario más afectado fue el de 18 a 29 años (32%). La localización predominante fue el tercio medio (84%), y el patrón 2B1, el más frecuente. El mecanismo lesional
más común fue el accidente
en motocicleta o cuatriciclo (24%), seguido de traumatismos deportivos (23%). El 14% sufrió lesiones
asociadas. El tiempo promedio hasta la cirugía
fue de 11.6 días; el de consolidación, de 12.5 semanas y la tasa global de complicaciones fue del 10%. Conclusiones: Las fracturas de clavícula
tratadas con cirugía
son más frecuentes en hombres
jóvenes, y predominan las fracturas mediodiafisarias por mecanismos de alta
energía. Se incorporaron dos nuevos
patrones descriptivos a la clasificación de Edimburgo. La tasa de complicaciones por la cirugía fue baja.
Palabras clave: Fracturas de clavícula; epidemiología; tratamiento quirúrgico;
osteosíntesis; clasificación; traumatología.
Nivel de Evidencia: IV
Epidemiology of Surgically Treated
Clavicle Fractures in Our Setting
ABSTRACT
Introduction: Clavicle fractures account for 2.6 -10% of all
skeletal fractures and occur predominantly in young adults. In recent years, indications for surgery
have expanded, driven by advances in implant technology. Objective: To conduct an updated
epidemiological analysis of surgically treated clavicle fractures at a referral
center in a large metropolitan area. Materials and Methods:
This retrospective, descriptive, observational study included
451 adults who underwent surgery
between January 2010 and December 2024. Demographic variables, mechanism of
injury, anatomical location, fracture type according to the modified Edinburgh classification, associated injuries, time to surgery,
time to union,
and complications were analyzed. Results: Eighty-four
percent of the patients were men (mean age, 29.8 years). The most affected age group was 18 -29 years (32%). Most fractures involved the midshaft (84%),
and the 2B1 pattern was the most common. The most frequent
mechanism of injury was a motorcycle
or all-terrain vehicle accident (24%),
followed by sports-related injuries (23%). Associated injuries occurred in 14% of patients. The mean time to surgery was 11.6 days,
the mean time to union was 12.5 weeks, and the overall complication rate was
10%. Conclusions: Surgically treated clavicle fractures
are more common in young men, with a predominance of midshaft fractures
caused by high-energy mechanisms. Two new descriptive patterns were added
to the Edinburgh classification. The rate of surgery-related
complications was low.
Keywords: Clavicle fractures; epidemiology; surgical treatment; osteosynthesis; classification;
traumatology.
Level of Evidence: IV
La fractura de clavícula
es una de las fracturas más frecuentes del esqueleto, la incidencia es del 2,6
al 10% de todas las fracturas, y predomina en adultos jóvenes.1-4 La mayoría de
las fracturas de clavícula pueden tratarse de manera conservadora.5 La cirugía se reserva para cuando hay múltiples fragmentos, gran desplazamiento o deformidad
significativa.6,7 Actualmente, existe una tendencia hacia la
fijación quirúrgica debido a la evolución de los implantes, que permite una
recuperación temprana, con una tasa baja de complicaciones y excelentes
resultados funcionales, a diferencia de aquellos obtenidos a largo plazo con el
tratamiento conservador.7-9
El objetivo
de este estudio fue realizar
un análisis epidemiológico actual de las fracturas de clavícula tratadas
con cirugía en un mismo hospital,
centro de derivación de una gran metrópoli, determinando la frecuencia por grupos
etarios, el mecanismo de producción, el tipo de fractura, las lesiones
asociadas y las complicaciones posoperatorias.
El estudio contó con la aprobación del Comité de Ética institucional. Se realizó un estudio observacional retrospectivo descriptivo que incluyó a todos los pacientes
operados de una fractura de clavícula aislada en un único centro quirúrgico,
entre enero de 2010 y diciembre de 2024. La serie estaba formada por 451
pacientes (379 hombres y 72 mujeres). Antes de la cirugía, todos fueron sometidos
a un examen radiográfico comparativo con el lado no
afectado (anteroposterior y anteroposterior axial con 45° de inclinación y
tomografía computarizada con reconstrucción 3D). Los criterios de exclusión fueron:
edad <18 años, fracturas expuestas, patológicas, asociadas a otras
de la cintura escapular o con cirugía
previa de clavícula ipsilateral y haber
recibido tratamiento conservador. El tipo de fractura se
determinó según la clasificación de Edimburgo.1 Para las fracturas mediodiafisarias (tipo 2) de
esta clasificación, se realizó una modificación descriptiva con fines
epidemiológicos, en la cual se agregaron dos
nuevos patrones de fractura: se clasificaron como 2C aquellas
fracturas que tenían un fragmento
vertical de 90 ±
30° respecto al eje de la clavícula; y como 2D aquellas con un fragmento
mediodiafisario combinado con una fractura-avulsión lateral o medial con
compromiso de la articulación esternoclavicular o acromioclavicular,
respectivamente (Figuras 1 y 2). Esta modificación no tuvo como objeto validar
una nueva clasificación, sino describir
patrones morfológicos observados en la práctica clínica habitual.
La
localización anatómica se definió como medial, mediodiafisaria o distal, usando
como referencia el borde lateral de la primera costilla y el tubérculo
conoideo. Las fracturas localizadas medial al borde lateral de la primera
costilla fueron consideradas fracturas mediales, aquellas comprendidas entre
esta referencia anatómica y el tubérculo conoideo se designaron como fracturas mediodiafisarias, y las laterales al tubérculo conoideo, fracturas laterales o del tercio distal de la clavícula (Figura 3).1
La técnica quirúrgica consistió
en un abordaje infraclavicular modificado de Coupe10 para fracturas
mediales y diafisarias, y un abordaje supraclavicular para la mayoría de las fracturas distales,
con osteosíntesis mediante placas anatómicas premoldeadas
bloqueadas. En casos seleccionados de fracturas multifragmentarias o con
inestabilidad significativa, se asociaron tornillos interfragmentarios, suturas
de alta resistencia o arpones para la estabilización ligamentaria.
En el
posoperatorio inmediato, los pacientes fueron inmovilizados con un cabestrillo
tipo Velpeau durante 4-6 semanas,
según la complejidad de la fractura (grado de conminución y compromiso
ligamentario). La rehabilitación se inició durante la primera semana posoperatoria y se estructuró en dos fases principales durante
las primeras tres semanas: una
fase inicial de protección y control, orientada a la analgesia, la protección
del complejo capsulolabral y la recuperación del control escapular mediante
activación isométrica y ejercicios de co-contracción, seguida de una fase de
movilización, con movilidad escapulohumeral asistida en decúbito supino,
priorizando la estabilidad glenohumeral por sobre el rango de movilidad y
respetando los límites del dolor. A
partir de la cuarta semana, se incorporaron ejercicios isométricos y de fortalecimiento progresivo, se permitió
la introducción de ejercicios
resistidos desde la sexta semana. El retorno a la actividad deportiva se
autorizó a partir de las 12 semanas, condicionado a la evidencia de
consolidación ósea completa.
La
desaparición de la interrupción cortical de la fractura debido a la formación
de callo óseo se definió como consolidación. Se consideró “normal” un tiempo de
consolidación <16 semanas, “consolidación retardada” entre 16 y 24 semanas y
“ausencia de consolidación” o “seudoartrosis” más allá de las 24 semanas.1
Se estudiaron variables demográficas y temporales, el mecanismo lesional,
el tipo de fractura, el tiempo hasta la
cirugía y la consolidación, las lesiones asociadas y las complicaciones.
Las variables continuas
(edad, tiempo hasta la cirugía en días y tiempo hasta la consolidación en
semanas) se expresan como media
± desviación estándar
y mediana con rango intercuartílico (RIC). Las variables categóricas se expresan en frecuencias absolutas y porcentajes.
De los 451 pacientes de la serie, 379 (84%) eran hombres
y 72 (16%), mujeres. La media de la edad era de 29.8 ± 13.3 años (mediana 29; RIC 8.5). Se
agrupó a los pacientes según el rango etario (18-29, 30-39, 40-49, 50-59,
60-69, 70-79 años). En la Figura 4, se
detalla la incidencia de las fracturas según el grupo etario.
La mayoría
de las fracturas estaban localizadas en el tercio medio (380 pacientes, 84%), seguidas por las distales (67 pacientes, 15%) y mediales (4
pacientes, 1%). Según la clasificación de Edimburgo modificada, los patrones
más frecuentes eran: 2B1 simple (120 pacientes, 27%), 2B2 (110, 24%) y 2B1 con
fragmento en cuña (76, 17%) (Tabla).
El mecanismo
lesional más frecuente
fue el accidente en motocicleta o cuatriciclo, seguido
de los traumatismos deportivos (con más frecuencia en fútbol y rugby).
En tercer lugar, se ubicaron
las caídas de bicicleta (18%) y las caídas de propia altura y de caballo
representaron el 10% cada una. Los mecanismos menos frecuentes fueron las caídas de altura y los accidentes
automovilísticos (Figura 5).
La
distribución estacional mostró una incidencia más alta en agosto (68 pacientes,
15%), seguida de diciembre (10%), y marzo y julio (40 cada uno, 9%). La
frecuencia fue más alta los fines de semana: sábado (97 pacientes, 22%) y domingo
(90 pacientes, 20%); en los días entre semana, fueron menos frecuentes (martes
52,12%; jueves 41,9%) (Figuras 6 y 7).
El 57%
tenía una fractura de clavícula izquierda y el 43%, de clavícula derecha. El
86% de los 451 pacientes no sufrió lesiones
asociadas, mientras que el 14% (n = 61) tuvo algún otro tipo de lesión. Entre estas, las fracturas
costales fueron las más frecuentes (n = 20), seguidas de los traumatismos
craneoencefálicos (n = 13). Además, 12
pacientes tenían fracturas en huesos del miembro superior y seis, en huesos del
miembro inferior. Once sufrieron neumotórax o hemotórax, y cinco de ellos
requirieron tratamiento de urgencia. Dos pacientes tenían una fractura
vertebral lumbar y dos, fracturas orbito-cigomática. El 55% de los pacientes
con lesiones concomitantes tenía, al menos, una combinación de diferentes tipos
de lesión.
El tiempo promedio hasta la cirugía
fue de 11.6 ± 3.6 días (mediana
13.5; RIC 6,5) y el tiempo promedio
hasta la consolidación fue de 12.5 ± 2.1 semanas (mediana
12; RIC 0,75). Un 10% de los pacientes (n = 45) sufrió alguna complicación. En catorce, fue
necesario extraer el material de osteosíntesis por dolor o fatiga del implante. Trece presentaron seudoartrosis, seis con
infección. Seis pacientes desarrollaron una infección en el sitio quirúrgico;
tres requirieron limpieza
quirúrgica con tratamiento antibiótico dirigido, mientras
que los tres restantes recibieron únicamente antibioticoterapia
empírica y la remisión fue completa. Cinco pacientes sufrieron una refractura,
y requirieron una nueva osteosíntesis por nuevo traumatismo. Cuatro
desarrollaron capsulitis adhesiva de hombro; dos, neuritis a nivel de la
cicatriz y uno, parálisis química por anestésicos del plexo braquial, la
resolución fue espontánea y, al año, estaba recuperado.
La incidencia de fractura
de clavícula en nuestra serie muestra un marcado predominio en el sexo
masculino (84%), superior al de reportes
previos.1,3,4 La fractura de clavícula es considerada una fractura común en pacientes jóvenes, con un pico de
incidencia por debajo de los 30 años.1,11,12
Robinson y Norvquist describen
una incidencia decreciente de fracturas desde la adolescencia hasta los 35 años,
con una estabilización en el número hasta los 75 años, y con un incremento de
la incidencia pasando este grupo etario.1,3 Por otro lado, Herteleer y cols. describen un
pico de incidencia de las fracturas de clavícula entre los 41 y 50 años.13 En nuestra
muestra, la incidencia más alta de fracturas fue en el subgrupo de 18-29 años
(32%), con un descenso progresivo a medida que aumentaba la edad, en coincidencia con la serie de Nowak y cols.4 Teniendo en cuenta el patrón estacional, la
mayoría de los estudios informan una mayor incidencia de fracturas durante el
verano.2,4,13 Si bien, en nuestra muestra, la incidencia fue
alta en verano, agosto fue el mes en el que ocurrieron la mayor cantidad
de fracturas de clavícula (15%).
Al igual que en otros estudios,2,4,13 fueron más frecuentes los fines
de semana (sábado y domingo).
El mecanismo de lesión más frecuente fue el accidente en motocicleta o cuatriciclo (24%),
seguido del traumatismo deportivo (23%). La caída de
una bicicleta ocupó el tercer lugar (18%). Esta actividad fue el mecanismo
lesional más frecuente en estudios
europeos, principalmente en los países
nórdicos.1-3 La caída del caballo se ubica
en cuarto lugar de frecuencia (10%), un mecanismo lesional que no se menciona
en otros estudios analizados. Probablemente este resultado
esté influenciado por la gran cantidad de actividades deportivas competitivas y terapéuticas con equinos en esta región.
Clásicamente
la fractura de clavícula es considerada una fractura frecuente del paciente
politraumatizado. Robinson comunica que 96 de los 1000 pacientes evaluados
(9,6%) requirieron hospitalización para el tratamiento de lesiones asociadas:
75 tenían alguna lesión de tratamiento traumatológico; 29, lesiones de cráneo o
faciales; 27, traumatismos graves de tórax y 4, traumatismos graves
abdominales.1 Tras una revisión de 321 fracturas de clavícula
del Hospital Universitario de Uppsala, Suecia, Kihlström y cols. informan que
un 21% de los pacientes tenía fracturas asociadas y las más frecuentes eran las
fracturas vertebrales, de escápula, cráneo y antebrazo.14 En otro estudio
sueco, se detectó
un 36% de lesiones asociadas
en 185 pacientes, pero un 40% de ellas correspondían a escoriaciones superficiales de la extremidad superior o la cara y un 20%, a fracturas costales, solo el 5% correspondía a una fractura de alguna
extremidad.4 En nuestro estudio, las fracturas asociadas (14%)
no representaron un número tan elevado como en otras series, la mayoría eran traumatismos craneoencefálicos y fracturas costales. En el estudio de Robinson, las
fracturas mediales o tipo 1 fueron las más infrecuentes (2,8%). Las fracturas
mediodiafisarias o tipo 2 fueron las más frecuentes (69,2%), la mayoría eran
desplazadas. Entre estas predominaron las 2B1, con un fragmento
simple. Las fracturas
tipo 3 representaron un 28% del total, donde predominaron las no desplazadas.1 En un estudio sueco,
el 80% de las fracturas operadas fueron diafisarias, y el 73% de ellas
eran fracturas desplazadas
2B1 y 2B2. Menos del 20% de todas las fracturas operadas fueron laterales
desplazadas (3B1-3B2). Muy pocas de las fracturas de la diáfisis
y laterales sin desplazamiento (2A1, 2A2, 3 A1 y 3A1) y ninguna de
las fracturas mediales
requirieron fijación quirúrgica.14
Si bien nuestro estudio
incluye exclusivamente fracturas
de clavícula tratadas
quirúrgicamente, la distribución de los patrones de fractura observados coincide con los de la
literatura médica. En nuestra población, el 84% de los pacientes tenía fracturas mediodiafisarias, con predominio del patrón 2B1 con trazo simple. Con fines descriptivos y epidemiológicos, se realizó
una modificación de la clasificación clásica de Edimburgo, incorporando dos patrones adicionales de fractura. En
estudios previos, se ha demostrado que las fracturas diafisarias de clavícula
que presentan un tercer fragmento en posición vertical
se asocian a tasas más altas de seudoartrosis sintomática y compromiso cosmético
de la piel; en la bibliografía, se las considera como patrones de mayor complejidad y potencial
indicación de cirugía.15 En nuestra serie, estas fracturas fueron
clasificadas como tipo 2C, mientras que aquellas fracturas mediodiafisarias
asociadas a una fractura medial o distal se clasificaron como tipo 2D, en
función de su mayor complejidad morfológica.
La fractura
de clavícula izquierda fue la más frecuente (57%)
en nuestro estudio,
tal como se informa en estudios
retrospectivos de otros autores. Nordqvist y Petersson reportan una incidencia
de fractura de clavícula izquierda del 52%, al igual que Kihlström y cols.,14 Hill y cols., una
diferencia del 63,5%16 y Postacchini y cols., del 61%.2
Ya se ha descrito
el predominio del lado no dominante para otras fracturas
que involucran la extremidad superior, como en el caso de la fractura
de radio distal.17,18
El
tiempo promedio entre el momento de la fractura y la cirugía fue de 11.6 días,
y el de consolidación de la fractura, de 12 semanas (rango 8-24). En diferentes
estudios de carácter retrospectivo, se informa una baja tasa de complicaciones en pacientes operados
por fracturas de clavícula, con tasas de seudoartrosis y de infecciones
<10%.7,18 La mayoría de las complicaciones relacionadas con
el tratamiento quirúrgico parecen estar asociadas a los implantes, se reporta
irritación o falla
del material de osteosíntesis con un rango
variable del 9 al 64%.7,18-20 La tasa de complicaciones en nuestro estudio fue
del 10% de los pacientes.
Como
limitaciones de este estudio, se reconoce su diseño retrospectivo y el origen
en un único centro de derivación, lo cual puede limitar la generalización de
los resultados a otras poblaciones o contextos asistenciales. Asimismo, la
ausencia de un grupo de control no permite establecer comparaciones directas
con el tratamiento conservador.
Entre sus fortalezas se destaca el ofrecer una visión epidemiológica actual de los pacientes operados
en nuestro medio, teniendo
en cuenta que la gran mayoría de los estudios
epidemiológicos a gran escala sobre
este cuadro son de países europeos, principalmente de
las regiones nórdicas; además, el tamaño de la muestra (451 pacientes), la
homogeneidad de la serie (pacientes operados por el mismo equipo quirúrgico con
la misma técnica) y el seguimiento de más de 10 años que permitió evaluar la
evolución de numerosos pacientes a largo plazo.
En nuestro medio, las fracturas de clavícula son frecuentes, predominan en hombres jóvenes,
muchas veces, en el contexto de un paciente
politraumatizado o con una o más lesiones
asociadas. Por lo general, ocurren
en los días no laborables y la temporada vacacional. El tratamiento
quirúrgico actual es un procedimiento seguro y eficaz, y tiene una baja tasa de
complicaciones.
Se
deberán llevar a cabo estudios prospectivos, multicéntricos y con seguimiento
funcional a largo plazo para validar los patrones
de fractura descritos, analizar los resultados funcionales según el tipo de fractura y evaluar la indicación quirúrgica en subgrupos
específicos de pacientes.
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ORCID de M. Caloia: https://orcid.org/0000-0002-8103-3036
ORCID
de G. Chamorro: https://orcid.org/0009-0009-3235-3840
ORCID de C. Anaya: https://orcid.org/0009-0005-2866-4794
ORCID de A. Meritano: https://orcid.org/0000-0001-5419-1859
ORCID
de D. Gónzalez Scotti: https://orcid.org/0000-0001-9564-4834
Recibido el 2-4-2026. Aceptado luego de la evaluación el 7-5-2026 • Dr. AGUSTÍN
CAVASIN • agustin.cavasin@hotmail.com • https://orcid.org/0009-0002-2102-9702
Cómo citar este artículo: Caloia M, Chamorro G,
Cavasin A, Anaya C, Meritano A, González Scotti D. Epidemiología de las
fracturas de clavícula tratadas con cirugía en nuestro medio. Rev Asoc
Argent Ortop Traumatol 2026;91(4):313-322. https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.4.2340
Información
del artículo
Identificación: https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.4.2340
Fecha
de publicación: Agosto, 2026
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© 2026, Revista de la Asociación Argentina de Ortopedia y Traumatología.
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