ARTÍCULO ESPECIAL
¿Y si todo comenzó con un hueso roto?
Reflexiones paleolíticas sobre el origen del cuidado médico y la traumatología
Fernando D. Berdaguer
Ferrari
Service
de Réanimation, Centre Hospitalier de Mâcon, Mâcon, Francia
RESUMEN
Las fracturas constituyen una de las primeras
huellas tangibles del cuidado médico en la prehistoria. La evidencia
osteológica de sitios paleolíticos, como Shanidar, en Irak, y Krapina, en
Croacia, demuestra que individuos con lesiones graves sobrevivieron gracias a
una atención sostenida y colectiva. Estas fracturas cicatrizadas reflejan no
solo respuestas biológicas y de inmovilización rudimentaria, sino también
respuestas sociales de acompañamiento y redistribución de tareas. Este artículo
propone que la traumatología, entendida como reacción al trauma visible, pudo
haber sido el primer gesto médico organizado. En una era de alta
especialización, recuperar esa raíz ética y solidaria nos recuerda que la
práctica ortopédica sigue siendo, en esencia, una decisión de cuidar y sostener
al otro.
Palabras clave:
Paleolítico; fracturas óseas; traumatología; atención de la salud;
bioarqueología.
Nivel de Evidencia: V
What if It All Began with a Broken Bone? Paleolithic
Reflections on the Origins of Medical Care and Traumatology
ABSTRACT
Fractures represent one of the earliest
tangible traces of medical care in prehistory. Osteological evidence from
Paleolithic sites such as Shanidar (Iraq) and Krapina (Croatia) shows that individuals with severe injuries survived thanks
to sustained, collective care. These healed fractures reflect not only
biological responses and rudimentary immobilization practices, but also social
behaviors involving support and task redistribution. This article argues that
traumatology, understood as a response to visible bodily trauma, may have
constituted the earliest form of organized medical practice. In an era of
increasing specialization, revisiting this ethical and communal foundation
reminds us that orthopedic care remains, at its core, a deliberate act of supporting
and caring for others. Keywords:
Paleolithic; bone fractures; traumatology; healthcare; bioarchaeology.
Level of Evidence: V
“Porque no sólo la historia de la medicina pudo
haber comenzado con un hueso roto, sino que, en algunos casos, también nuestro
camino individual como médicos.”
A la memoria del Dr. Gustavo Argibay, ejemplo de
ciencia, técnica y humanidad.
Cuando
intentamos reconstruir los orígenes de la medicina, solemos imaginar preparados
de hierbas, rituales chamánicos o incluso las primeras trepanaciones. Sin
embargo, la evidencia osteológica nos invita a desplazar esas hipótesis hacia
otro fenómeno más simple desde el punto de vista fisiopatológico, más concreto,
pero igualmente trascendente: el tratamiento de una fractura.
Una
fractura es visible, es dolorosa, crea impotencia funcional y en un entorno
hostil, a merced de depredadores y dependiente del desplazamiento constante,
puede amenazar la vida.
Restos óseos recuperados en distintos yacimientos
paleolíticos muestran una notable frecuencia de fracturas curadas. Según
Spikins y cols.,1 entre un 79% y
un 94% de los esqueletos analizados presentan señales de trauma óseo, y entre
un 37% y un 52% corresponden a lesiones de carácter severo. Más aún,
aproximadamente el 13-19% de esos traumatismos ocurrieron en etapas tempranas
de la vida. En contextos donde una fractura grave podía significar el fin de la
vida útil del individuo para la comunidad, estos datos resultan tan
sorprendentes como reveladores.
Uno de
los hallazgos más paradigmáticos es el de Shanidar 1, descubierto en el Kurdistán iraquí. Datado entre
35.000 y 70.000 años antes del presente, se trata de un individuo masculino que
vivió hasta aproximadamente los 35 o 40 años, una longevidad considerable para
su época, a pesar de presentar múltiples lesiones, entre las que se encontraban
una amputación probable del antebrazo derecho, deformaciones óseas por
infección, daño craneal, sordera unilateral y una cojera crónica.2,3
En la
actualidad, tales condiciones requerirían una combinación de cirugía,
analgesia, rehabilitación y soporte nutricional de una complejidad y
coordinación más allá del simple cuidado de buena voluntad. En el Paleolítico,
su recuperación solo puede explicarse por una intervención prolongada que
consistía en cuidado directo, acompañamiento y redistribución de tareas.
Algunos
podrían argumentar que Shanidar 1 no fue “curado” de todas sus afecciones en el sentido estrictamente
técnico. Pero sobrevivió. Y sobrevivir, en ese contexto, es prueba suficiente
de que alguien intervino de forma sistemática, planificada e intencionada. Como
escribió Tilley4: “el mero hecho
de que un individuo con tal grado de incapacidad haya alcanzado la edad adulta
requiere un compromiso social sostenido”.
La
metodología de la bioarqueología del cuidado, propuesta por Lorna Tilley,
ofrece un marco riguroso para interpretar este tipo de evidencia. Este modelo
propone cuatro etapas: diagnóstico de la patología, evaluación de las
limitaciones funcionales, inferencia sobre la naturaleza del cuidado prestado y
análisis del contexto cultural que lo hizo posible.4
Esta
metodología ha sido aplicada a múltiples yacimientos. En Krapina (Croacia), con
una antigüedad estimada de más de 120.000 años, se documentan, al menos, 11
individuos con fracturas cicatrizadas en clavículas, cúbitos, costillas y
cráneos. Estas lesiones, como comentan Rajković y Krklec,5 no solo sanaron, sino que también lo
hicieron en condiciones que implicaban atención sostenida, con cuidado de
limpieza de lesiones, inmovilización rudimentaria, protección del herido y
acompañamiento durante la recuperación. Por ello, podemos afirmar que la lesión
ósea, en estos contextos, se convierte en una huella fósil del cuidado
colectivo.
Las
fracturas tienen una particularidad que las vuelve centrales para pensar los
orígenes de la medicina, son visibles. A diferencia de las enfermedades
internas o los padecimientos psíquicos, una fractura es difícil de disimular.
Habitualmente incapacita de inmediato.
En un
entorno de subsistencia basado en la movilidad, la recolección y la caza,
posiblemente un miembro lesionado representaba, al mismo tiempo, una amenaza
para la supervivencia del grupo, pero también una oportunidad para ejercer la
solidaridad.
Spikins y
cols.1 proponen que el cuidado en
comunidades neandertales no fue anecdótico ni motivado únicamente por vínculos
de parentesco. Fue una estrategia adaptativa, una forma de mantener la cohesión
grupal y de aprovechar las capacidades no físicas de los individuos lesionados.
Cuidar no era caridad, era inteligencia social.
En ese
marco, la traumatología, entendida como esa respuesta al trauma visible, pudo
haber sido el primer gesto médico colectivo. No hubo bisturíes ni férulas
ortopédicas. Seguramente hubo palos, vendajes de fibras vegetales, asistencia
para alimentarse, para incorporarse, para dormir. Y, sobre todo, hubo tiempo y
presencia.
Hoy
llamamos “traumatología” a una especialidad quirúrgica altamente tecnificada.
Sin embargo, su raíz etimológica de trauma y herida, junto con su razón de ser,
la restitución funcional y la atención al dolor, la conectan directamente con
aquel gesto primigenio de sostener al caído. La fractura sigue siendo una
urgencia que moviliza, una interrupción que exige presencia.
El
cirujano ortopedista del siglo XXI dispone de instrumental preciso, imágenes de
alta resolución y un corpus técnico en constante expansión. Pero su trabajo
continúa siendo, en el fondo, una respuesta al trauma. Y esa respuesta sigue
implicando no solo intervención técnica, sino también contención emocional,
acompañamiento, decisión de sostener.
CONCLUSIONES
¿Nació la
medicina con la traumatología? Es una posibilidad. En todo caso, hubo huesos
que se fracturaron, y no fueron abandonados. Hubo alguien que, sin conocer la
palabra “curar”, intentó aliviar. Porque la medicina más antigua no fue ciencia
ni arte, sino reacción ética, una voluntad de no dejar solo al que sufre.
Comprender
esto no solo nos ayuda a pensar los orígenes del cuidado médico. Nos obliga a
revisar el motor de nuestra práctica actual. En una era de
superespecialización, protocolos y eficiencia, recuperar el gesto primitivo, la
decisión de estar, de sostener, de intervenir ante la herida, tal vez sea el
acto más contemporáneo de todos.
Declaración sobre el uso de IA
generativa y tecnologías asistidas por IA en el proceso de escritura
Durante
la preparación de este manuscrito, el autor utilizó ChatGPT-5 (OpenAI) con el
fin de detectar errores tipográficos. Después de utilizar esta herramienta, el
autor revisó y editó el contenido según fuera necesario y asume toda la
responsabilidad del contenido de la publicación.
BIBLIOGRAFÍA
1. Spikins
P, Needham A, Tilley L, Dytham C, Gatta M, Hitchens G. Living
to fight another day: the ecological and evolutionary significance of
Neanderthal healthcare. Quat Sci Rev 2019;217:98-118. https://doi.org/10.1016/j.quascirev.2018.08.011
2. Trinkaus
E, Zimmerman MR. Trauma among the Shanidar Neandertals. Am J Phys Anthropol 1982;57(1):61-76. https://doi.org/10.1002/ajpa.1330570108
3. Trinkaus
E, Villotte S. External auditory exostoses and hearing loss in the Shanidar 1
Neandertal. PLoS One 2017;12:e0186684. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0186684
4. Tilley L.
Showing that they cared: An introduction to thinking, theory and practice in
the bioarchaeology of care. En: Tilley L
(ed). New developments in the
bioarchaeology of care: further case studies and expanded theory. Cham: Springer International Publishing; 2016, p.
11-43. https://doi.org/10.1007/978-3-319-18860-7
5. Rajković
Z, Krklec V. [The oldest treated bone fracture in Croatia--130,000 years ago]. Acta Med Croatica 2008;62(1):89-92. [En
croata] PMID: 18365508
Recibido el 18-8-2025. Aceptado luego de la evaluación el
23-8-2025 • Dr. Fernando D. Berdaguer Ferrari • fberdaguer@hotmail.com • https://orcid.org/0000-0003-4565-254X
Cómo citar este artículo: Berdaguer Ferrari FD. ¿Y si todo comenzó con un hueso
roto? Reflexiones paleolíticas sobre el origen del cuidado médico y la
traumatología. Rev Asoc Argent Ortop
Traumatol 2025;90(6):594-596. https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2025.90.6.2217
Información del artículo
Identificación: https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2025.90.6.2217
Fecha de publicación: Diciembre, 2025
Conflicto de intereses: El autor no declara conflictos de intereses.
Copyright: © 2025, Revista de la Asociación Argentina de
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